Sant Jordi llegó y Santa Barbara se lo llevó

Para todos los que vivimos en Cataluña Sant Jordi es un día muy especial, un día que todos esperamos con ilusión, las calles se llenan de rosas y libros. Como si de una peregrinación se tratara todos recorremos las paradetas en busca de esa rosa que hará felices a nuestros seres queridos y buscaremos ese libro que llenará nuestras vidas de intrigas, amores o nos trasladará a lugares remotos.

Para nosotros Sant Jordi, es todo eso y algo más. Todos como si fuéramos uno ponemos nuestra ilusiones en nuestra paradeta, esa que muestra todo lo que nuestras manos son capaces de crear, esa que no solo ofrece artesanía alegórica de ese día, porque cada rosa, cada punto de libro y cada pieza representa una aportación a una causa que nos une: la mejora de la calidad de vida de aquellos que vivimos con Esclerosis Múltiple.

Como un reloj perfectamente engranado antes de las 9h la maquinaria se puso en marcha y a las 9:30h. nuestra paradeta ya estaba lista y todos preparados para vivir un día especial. Hasta las 12:00h todo trascurría con normalidad y hasta el sol se dejo ver. De repente, unas nubes negras a lo lejos avisaban, llegó la lluvia, pero no de cualquier modo, por momentos parecía que el cielo se caía en forma de agua. A pesar de la llegada de Santa Barbara en la paradeta nadie se movió, el equipo siguió funcionado. Francisco desde la terraza del bar, donde había instalado su capilla, rezaba a todos los dioses para que aquello parara, Silvia como si quisiera hacer parapente agarro con fuerza una de las patas de la carpa, la otra la agarro Josep, mientras el agua iba subiendo y el sumidero más próximo no tragaba.

Mientras como si no pasase nada Esther y Elsa en sus puestos por si algún cliente marino o anfibio deseaba comprar alguna rosa de papel en medio de este torrente, que lastima no haber hecho paraguas o chubasqueros de rosas. Todo parecía perdido, el agua seguía subiendo, Pilar, Tomas, Lourdes, Antonia, Katy, Martí, Isa y Ismael se refugiaron bajo la cornisa de un banco, ¡sí de una sucursal bancaria!, por fin entendimos los beneficios de la banca. Yo también convertí mi silla en un pequeña barca de motor y a pesar del dicho, el capitán el último, yo me fui el primero al banco.

Cuando volví la cabeza, allí estaba Josep con una escoba achicando agua, poco a poco consiguió que el agua no llegase a los posapíes de Esther, como si de un caballero se tratara salvando a su doncella.

Otros corrieron a la capilla, donde se encontraba Francisco acompañándolo en sus oraciones.

Fuera como fuese al final la paradeta de Treball de Vida resistió, no solo una tormenta sino todas las que vinieron, donde Mayte, Belen, Alex y Ana tomaron los mandos hasta las 19:30 hora en la que levantamos el ancla buscando otros mares.

¿San Jordi donde estuviste?, este año te fuiste cuando vino Santa Barbara.

Moraleja, la tripulación estuvo unida y comprometida y este barco no lo hundió ni Santa Barbara bendita.

PD. Esta historia no hubiese sido posible sin la intervención estelar de Nando, Baldo, Mario, Candela, Paco y todos los que con tanto cariño pasaron por allí a pesar de no llevar paragua.


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